Día del Padre: “Para corregir, primero hay que conectar”
Ser papá implica afrontar una diversidad de retos. Saber conectar con los hijos e hijas antes que acompañarles en lo disciplinar, es uno de ellos; sin embargo, la historia de cada uno y los cambios generacionales derivan otros tantos que, en entrevista, compartió el Dr. Luis Anibal Robles Durán, coordinador de la Maestría en Psicoterapia Clínica de la Universidad Iberoamericana León.
Saber conectar con los hijos e hijas puede depender del papel que como hijo se tuvo con los padres. Esto a veces se ve afectado por el contexto sociocultural, el machismo y el no saber expresar las emociones; “se necesita reconocer lo que se siente y ponerlo en palabras”, afirma el especialista.
La vorágine de ocupaciones que tienen los papás en la actualidad exige hacer un alto en el camino para reconocer sus emociones. Es necesario que los papás reflexionen sobre el estilo de vida que tienen para buscar un equilibrio entre las demandas del contexto y las necesidades del vínculo paterno.
Se planteaba anteriormente la paternidad solo como la figura de quien provee o del dictador de normas; la mamá quedaba entonces relegada jerárquicamente. Esto propiciaba que quien lograra la conexión emocional con los hijos e hijas fuera únicamente ella; “los papás se quedaban más distantes”.
Con la transformación social y los cambios que han logrado las mujeres a través de planteamientos como los que defiende el feminismo, los hombres deben cuestionarse qué tipo de padres quieren ser y cómo lo van a lograr; “si queremos ser papás cercanos, lejanos, solamente proveedores, vincularnos afectivamente, saber escuchar, sólo regañar y gritar, o pegar –el camino corto–, porque el camino largo implica escuchar, tener paciencia, comprender las necesidades, saber cómo intervenir, capacitarse”.
Se debe entonces revisar la propia historia para reconocerse como un sujeto ‘historizado’, con experiencias agradables, desagradables, alegres y dolorosas que conforman al individuo. El padre se debe cuestionar qué hará con toda esa historia.
Definitivamente, no hay un manual de la paternidad, reflexiona el académico, pero hacer cambios –por ejemplo– en la manera en que el papá se comunica con el hijo o la hija, a veces implica cambiar la manera en que se comunica consigo mismo: “Si me hablo con tranquilidad, con calma o con amor, podré hablarle con amor y tranquilidad a mi descendencia; pero si lo hago desde la rigurosidad conmigo mismo, enojo y desesperación, eso mismo va a estar colocado en el vínculo”.
Y como ser padre es reconocer que puede haber conflictos constantemente, lo mejor es ser consciente de ello y estar preparado para afrontarlos, porque de otra manera se corre el riesgo de preferir ser únicamente el padre proveedor, el padre que se aleja, el que no se vincula, el que no genera espacios de diálogo.
Es necesario, también, reconocer la individualidad del hijo o la hija para poder adaptarse y conocerle, y no forzar a que sean ellos y ellas quienes se adapten al papá. “Son personas y tienen pensamientos y emociones propias, toca conocerlos como personas”, agrega Aníbal.
Manejar la presión social o las expectativas externas sobre “ser un buen padre” es otro de los retos actuales. Sobre esto, el académico sugiere reflexionar en torno a lo que es bueno y lo que es malo, porque la expectativa sobre un padre está íntimamente relacionada con lo que colectivamente se cree que es “ser un buen hijo”.
Esto lo explica de la siguiente manera: Se cree que es bueno ser obediente, pero, desde un lugar reflexivo, habría que preguntarse si ser obediente es ser buen hijo y si tener un hijo obediente hace a un padre ser un buen padre.
“Quizás, desde un lugar muy conservador y rígido, podemos pensar que sí; pero la obediencia no es buena porque ese hijo va a terminar sometiéndose en otras relaciones (de amistad, de trabajo, de pareja) en donde más bien tocaría que cuestione la obediencia. Un hijo que cuestiona al padre es un buen hijo en términos de libertad, de desarrollo humano”.
Finalmente, el académico recomienda algo acerca del planteamiento inicial “para poder corregir, primero hay que conectar”: No se logrará la conexión entre padre e hijo o hija si se dedica únicamente a poner las reglas. Es importante escuchar y generar espacios de confianza. “A veces los hijos no te van a contar cosas por temor, pero necesitas que te cuenten cosas para poderles acompañar. Para corregir y generar un ambiente de límites, se necesita un ambiente de confianza, escucha y conexión”.
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