¿Y después del Mundial, qué?
Durante unas semanas, el país parece ir al mismo ritmo, como organismo sincronizado: las conversaciones giran en torno a los mejores jugadores, las oficinas y las escuelas hacen pausas para ver los partidos, las familias y amistades se reúnen frente a la televisión, las plazas públicas con pantallas están a reventar de gente, las redes sociales se llenan de mensajes de aliento y, por un momento, millones de personas experimentamos algo que no ocurre con frecuencia: sentirnos parte de una misma historia.
