El liderazgo al modo ignaciano

El liderazgo al modo ignaciano

Arlet Alatorre González

Estudiante de la Licenciatura en Arquitectura

El Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario (PLIUL) nace en 2007 desde la Asociación de Universidades Jesuitas de América Latina (AUSJAL), pero para mí es mucho más que una fecha o un proyecto institucional. El PLIUL representa un espacio de encuentro conmigo misma, con otras realidades y con una manera distinta de entender el liderazgo: no como poder, sino como servicio. Su objetivo central, formar a estudiantes bajo la pedagogía ignaciana y así convertirse en agentes de cambio, se vuelve penetrante cuando uno se permite vivir el proceso con apertura, cuestionándose y reconociendo su responsabilidad frente a la realidad que habita. 

El liderazgo ignaciano que propone el PLIUL no busca respuestas inmediatas ni soluciones simples, sino una reflexión constante que nace desde la espiritualidad, el discernimiento y el compromiso social. En este camino, comprendí que liderar también implica escuchar, acompañar y caminar junto a otros, especialmente junto a quienes históricamente han sido invisibilizados. 

Del 13 al 17 de noviembre tuve la oportunidad de viajar a El Salvador, un viaje que fue mucho más que un traslado geográfico fue un desplazamiento interior, una sacudida profunda a mi forma de mirar la realidad. Ahí nos encontramos con compañeros que, al igual que yo estaban involucrados en el PLIUL en distintas universidades de América Latina.  

A través de diálogos, intercambio de ideas y espacios de reflexión colectiva, fuimos construyendo procesos y experiencias compartidas que nos permitieron acercarnos a las realidades que atraviesan nuestros países. En ese mismo encuentro, también se fue generando de manera constante el cuestionamiento sobre qué significa para nosotras y nosotros ser latinoamericanos, una pregunta que atravesó nuestras conversaciones y nos llevó a mirarnos desde nuestra historia, nuestras raíces y nuestras realidades compartidas. Escuchar las historias de otras y otros fue un ejercicio de reconocimiento y apertura: realidades marcadas por la violencia, la desigualdad, la migración forzada, la pobreza estructural y, al mismo tiempo, por la resistencia, la esperanza y la organización comunitaria. En cada testimonio me confronté, entendiendo que América Latina no es una idea abstracta, sino un territorio vivo. 

Estar en El Salvador hizo todo aún más significativo, sentir el peso de su historia me obligó a mirar de frente una realidad que muchas veces prefiero ignorar desde la comodidad. Uno de los momentos más impactantes fue visitar la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Ese espacio, cargado de memoria y significado, no se vive como cualquier universidad: se siente como un lugar donde el pensamiento crítico, la fe y el compromiso social se entrelazan de manera profunda y revolucionaria. 

El hecho de que las fechas de nuestro encuentro coincidieran con la conmemoración de los mártires de la UCA le dio a esta experiencia una profundidad imposible de describir con pocas palabras. Participar en los actos conmemorativos me confrontó con una memoria que no solo recuerda una tragedia, sino que interpela, una memoria viva y a mirar de frente las realidades de injusticia que atraviesan a nuestra región. Recordar a los sacerdotes jesuitas y a sus dos colaboradoras asesinadas por su compromiso con la verdad y la justicia me recordó que pensar críticamente, cuestionar las estructuras de poder y acompañar a los pueblos oprimidos tiene un costo, y que el compromiso social no es cómodo ni neutral, sino una postura ética que exige coherencia entre lo que se cree, lo que se dice y lo que se hace. 

Durante el encuentro también se realizó un manifiesto colectivo, un elemento importante que recoge las voces, inquietudes y compromisos que emergieron a lo largo de esos días. Este manifiesto sigue actualmente en proceso de edición, como signo de que el diálogo y la construcción conjunta no se detienen, sino que continúan más allá del evento mismo. 

Esa experiencia me sacudió de manera profunda y silenciosa. Me hizo replantear el sentido del liderazgo, comprendí que estamos llamados y llamadas a no ser indiferentes, a mirar de frente las realidades que duelen y a asumir, con valentía y responsabilidad, la tarea de transformar nuestro entorno, incluso cuando los cambios parezcan pequeños o insuficientes. 

Volví de El Salvador con el corazón profundamente conmovido y la conciencia más despierta. Me llevé conmigo una memoria que no quiero olvidar y una certeza que sigue acompañándome: este proceso formativo no solo me está preparando para un futuro profesional o académico, sino que me está transformando en el presente, invitándome a vivir con mayor coherencia, compromiso y sentido de justicia. 

EN ESTE NÚMERO

  • 2 al 6 de marzo

    Aplicación de exámenes a título extraordinario

  • 2 al 13 marzo

    Solicitud y renovación de becas, financiamiento educativo y pagos diferenciados

  • 9 de marzo

    Fecha límite de captura de calificaciones de exámenes a título o extraordinarios

  • 10 marzo

    Publicación de calificaciones exámenes a título o extraordinarios

  • 16 de marzo

    Suspensión de labores

  • 20 al 26 de marzo

    Periodo de evaluación

  • 27 de marzo

    Fecha límite de captura de calificaciones parciales y faltas

  • 30 de marzo al 3 de abril

    Descanso obligatorio