Gramática del terror 

Gramática del terror

Uno de los problemas del lenguaje que resultan más divertidos es la anfibología, que se refiere a aquellas frases en las que podemos adivinar la intención de quien las escribió, pero que literalmente expresan una idea distinta. Es el caso del letrero rojo, del cual deducimos que no hay que fumar cerca de ahí porque es peligroso, pero, al mismo tiempo, si lo leemos tal cual, nos dice que está prohibido fumar gas inflamable.

Hay otra palabra en español que, como “anfibología”, empieza con “anfi” y es más conocida, se trata de “anfibio”. “Anfi”, etimológicamente, significa ambos, y “bios” vida; anfibios son aquellos animales que pueden vivir tanto en el agua como en la tierra, vida en ambos lados. Pero ser anfibio es muy diferente a tener doble vida, la doble vida es algo malo; con una frase así nos imaginaríamos, por ejemplo, a una rana con lentes oscuros, sombrero y gabardina, fumando o quizá vapeando sobre un nenúfar.  

La etimología en el caso de la anfibología comienza igual, “anfi” significa, como ya vimos, ambos y “bología” lanzar; por lo que, más o menos, anfibología se refiere a un enunciado que “nos lanza” dos significados diferentes. Pero para que quede más claro, veamos algunos ejemplos que se encuentran entre lo divertido y lo extraño: 

  • Una gran mesa de madera redonda.  

En esta frase podemos ver que no hay errores gramaticales y, sin embargo, suena rara porque parece que para hacer la mesa es necesario conseguir madera redonda (?¿). Otro ejemplo: 

  • Cajeta de leche de vaca quemada.

En esta oración el significado parece hacer alusión a los dulces deseos de un pirómano. Como si hubiera que conseguir una vaca quemada para elaborar cajeta a partir de su leche. Otros ejemplos, que atraviesan también la línea de lo espeluznante son: 

  • Zapatos para niño de piel.  

En este caso no sabemos exactamente qué es un niño de piel, pero no nos gustaría encontrarlo a media noche, o, peor aún:  

  • Zapatos de piel de niño.  

Aquí ya ni siquiera aparece el niño, sino que son solamente los zapatos los que alimentan un siniestro suspenso. 

Un último ejemplo, menos macabro, sería: 

  • Pesas para fisicoculturistas de 5 kilos.  

En esta frase no se sabe qué es lo más extraño, si el tamaño que tienen estos pequeños forzudos o el que, a pesar de ser tan diminutos, se obstinen en construir un mini-cuerpo escultural. 

En todos los casos anteriores, un simple reacomodo de las palabras transforma estos monstruos lingüísticos en frases comunes y corrientes: 

  • Una gran mesa redonda de madera. 
  • Cajeta quemada de leche de vaca.  
  • Zapatos de piel para niño. 

Y aunque la última frase anfibólica es tan linda que no dan ganas de corregirla, así es como quedaría sin la parte humorística: 

  • Pesas de 5 kg para fisicoculturistas.  

Sé que quizá el título “gramática del terror” pudo atraer a alguna lectora o lector con deseo de encontrar algo aún más de miedo y, quizá por eso, valga la pena anexar un ejemplo más, uno verdaderamente funesto, para que no quede duda de la pertinencia del título.  

La frase, que evoca los más oscuros pasajes de Wes Craven,  se encuentra en un recorte de periódico en el que, aparentemente los muertos, son capaces de provocar desastres naturales y no al revés, como habíamos estado siempre acostumbrados: 

(música de terror de su elección, baja lentamente la cortina 

EN ESTE NÚMERO

  • 3 al 7 de noviembre

    Periodo de Evaluación

  • 10 de noviembre

    Cambios de nota y Fecha límite de capura de calificaciones parciales y faltas

  • 11 de noviembre

    Publicación de calificaciones parciales y faltas

  • 17 de noviembre

    Descanso obligactorio

  • 18 al 21 de noviembre

    Bajas de asignaturas